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Triste mirada

Sentado con mi soledad, en una noche que no me alienta en nada...; y mi mirada perdida en las botellas de la barra. Gente gris a mi alrededor, que hace pensar en otros tiempos de alegrías compartidas. El mismo lugar, que al cabo de los años, ha perdido su antigua clientela. Marchitarse y  volverse a generar. Nuevos tiempos, nuevos entronques. Siluetas que desaparecen en la nada para dejar entrar a otras siluetas que mejoren en sus ideas y den otra forma a las figuras de la asiduedad.


A veces: -¿¡ por qué idealizar tanto la vida !?-. La apatía me tiene ahora enganchado aquí. -¡¡ Este aburrimiento es la muerte !!-. Te pasas toda la vida queriendo saber; luego se te ha acercado la muerte figurada, y te ha dicho: -¿te gusta la vida?-...; -¿no?- , pero... -¡qué!-... sí que me gusta... Entonces, deja de buscar. Deja de intentar dar un sentido a la verdad. La verdad es vivir: solo eso. No buscar el por qué, ni tantas definiciones a lo absurdo. No te hagas tantas preguntas que no llevan a nada. Vive y se feliz. 

La facultad de ciertas definiciones, que no dan sentido al alma. Que siguen dejando en la absurdidad más absoluta. Esa verdad del todo, donde cuesta encontrar un significado. - No sabes nada... pero es que tampoco no tienes nada que saber -.

La cabeza me da vueltas. Me estoy aferrando a ese mal innecesario, de cuando tantas preguntas se acumulan, y te da por romper con el esquema, destruyendo la realidad, con el fragor del efecto de unas copas. Así te das cuenta que no hace falta retener las escasas respuestas. Al rato, te vas sintiendo un hombre fuerte y poderoso. No todos pueden hacer lo mismo; muchos prefieren dejar sus lastimeras objeciones guardadas en el mundo de sus réplicas, todo junto a un sano zumo de naranja, mirando la tele en una noche de posibles. Respuestas inútiles sin ganas de buscar nuevas impresiones, absolutismos implacables que no pueden ser admitidos en la razón y así no hace falta buscar la manera de darle un sentido... y es que: muchas veces las cosas no tienen sentido.


Pero de todas maneras a pesar de tu fuerza ficticia, tienes la mirada triste. Eso no lo puede cambiar nada. Es el elemento del alma. Lo que no se puede guardar al exterior. La verdad desnuda ante cualquier buen observador. Donde nunca se puede mentir. Pero en ese momento tu no lo sabes, te crees que lo guardas en lo íntimo de tu ser. Mientes con tus nuevos gestos. Mientes con tus aseveraciones. Con las charlas sin fundamento que manifiestas a tu alrededor. Te callas y te quedas pensativo. -Aún me queda mucha noche por delante-.

Se abre la puerta y entra. Es la persona que no imaginas encontrar en ese momento. Miradas entre el gentío para poder situarse; momentos de indecisión cuando se entra en el ambiente. Ambigüedades de las personas cuando en algún lugar hay acciones iniciadas y hay que iniciarse en ellas. Se crea un instante en el que espero algo, pero tampoco no le doy mucha importancia. Pero las miradas se cruzan, y noto la alegría en una cara, que hace tiempo no he podido tener tan cerca. Y gracias a un pequeño rescoldo del destino, se sitúa a mi lado y me dice: -hola...  ¿que tal?-, -cuanto tiempo sin verte-... Y me da un vuelco el corazón, por dar gracias al destino. Por haber podido ejecutar esta coincidencia.

-Muy bien, aquí pasando el rato y tu que...-,  -pues lo mismo-. -Te veo muy bien-.  -Para ti el tiempo es dar más elegancia a tu vida...-. Y es verdad su porte es elegante, fruto de un equilibrio verdadero. Y de ese equilibrio veraz, me hace una pregunta que me inquieta. -¿Por qué tienes siempre esa mirada triste?-. 

A ti no te puedo engañar, tu me desarmas con tu ser sincero. Además, si viene de ti esa pregunta, me dejo llevar por la sinceridad y te digo... -qué razón que tienes-.


Pero ya sabes el por qué. Y me miras fijamente a los ojos y me dices, claramente, que...: -No tienes por que seguir así-. -No se consigue nada con una mirada que refleja la desilusión de la vida-. -Todos tenemos nuestro punto débil y no hace falta aflorarlo a cada instante-. -Deja de engañarte a ti mismo con las negruras de tu corazón, y piensa lo fácil que es volver a tener aquel brillo en tus ojos...-.

¡¡Y se opera el milagro!!. 
Excelencia de un ser maravilloso, que desquita y abruma hasta al más versado profesional del ánimo. Lo mejor que pudo pasar en ese momento, una simple respuesta, de alguien especial. Gracias a esas personas que existen, y saben decir las cosas cuando las necesitamos. Que su ser es una terapia, que cura cualquier mal del espíritu. Un ángel en la noche de las búsquedas, de los medios del equilibrio. El encanto maravilloso de tener ante tí, a esa mente que no es la tuya, que te dice cosas que ya sabes, pero gracias a su manifestación desinteresada, te da razón para tomar buenas conclusiones. Otra mente que te ha obligado a salir de tu "soledad", y comprendes con su ayuda que no es soledad lo que sientes, sino tu propia abnegación. 
Y al final te da un abrazo sincero y te dice: -ya sabes lo que no tienes que hacer-...; y lo haces. Y te sientes bien de golpe. Y hay algo que ha pasado a ser olvido en la mente. El ritual insulso que aleja de la realidad, hacia la absurda fluctuación de unos conceptos sin valor, y que lo único que hacen es: auto-desprestigiarnos.

Con muchas pasiones nos condenamos. Por muchos afectos nos destruimos. Al cabo de los años nos acostumbramos. No llegamos a saber en el fondo lo que sentimos. -- Hasta que llega alguien especial y te saca del abismo--.


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