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El cruce



El. En una casa, bastante acomodada, él, un día nació. Hijo único, niño mimado, todos sus deseos, colmados. Mimos, abrazos, cuidados, una madre complacida con su hijo y un hijo complacido por tener una madre amorosa, cariñosa, todo fervor para él. Un padre con deseos de llegar a su casa, abrazar a su vástago, orgulloso de todas sus proezas, y él, creyéndose el rey. Nada le falta, todo lo tiene, sigue una vida, perfecta.



El otro. Por poco no nace. Una madre amargada, hijo repudiado, un enigma su padre, una obligación de nacer al no poder frustar su embarazo por falta de medios. Hay hambre, hay otras cosas que una madre drogada no puede ofrecer. Un desahogo si que se ofrece con la tierna criatura, niño zurrado, casi no más nacer.


El. Su padre resuelto, legado de ese otro que le dio estabilidad, y el la recibe, por el buen camino que a su progenitor ofrecieron y en sucesión, el buen curso de los acontecimientos, lo hace ser feliz. 

El otro. Su madre desesperada encuentra a un elemento acorde con el desespero. Antes un zurro, ahora en estéreo. No es su padre, no sabe cual es, nunca lo sabrá, y este que ejerce de eso, educa a garrote. La amargura aumenta.


El. Sabe amar, sus caricias de siempre las otorga con placer y da y recibe, recibe y da. Bien lo criaron en un dulce hogar y endulza su vida, encuentra amor, porque en él se desliza.


El otro. Pocos años y la piel rizada de heridas. Cicatrices sin cariño, odio desmedido, correcciones que a él le han de ofrecer, porque no comprende, que la sociedad no tiene la culpa. Nadie en su vida le mostró lo del amor, sin él, en su imprudencia se desliza.



Un día. El ha de ir a emprender una nueva etapa. Su situación personal va a mejorar. Ya de por si próspero su destino: una hermosa mujer que lo quiere, dos hijos, un niño y una niña, maravillosos, una vivienda de grandes dimensiones en las afueras y medios importantes gracias a su esmerada educación. Ese día ha de visitar al gerente de una importante empresa en el centro de la ciudad. Se despide de su esposa, de sus hijos, y con su flamante auto se dirige a su cita.


El mismo día. El otro se prepara para un asalto. No tiene medios, no tiene escrúpulos, curtido por su mala vida no le da importancia a las otras. Coge pistola, gabardina y una careta de cerdo, para no ser descubierto en su sucia jugada, aunque la verdad, no sabe otro juego. Se sube a su destartalado coche, que es más bien hojalata


El llega a la ciudad, no le gusta conducir por donde tantos conducen, aminora la marcha en su búsqueda. El otro también llega, la sucursal se presenta ante él, duda, pero poco, no es la primera vez, mas con pistola si, las otras, no tenía este juguete que tan bien le viene, de arma blanca a otras armas, algo prospera. Entra el cerdo, tal como lo hace, el vigilante se presta a pararle los pies y este otro se los para a él. Cae, fulminado, un certero disparo, este otro tiene coraje, la muerte es su signo, toda una vida flirteando con él. El para en un cruce, remueve papeles, quiere preguntar, busca su dirección, aparca un momento, le gusta la gente y piensa, a ver si me dicen amablemente donde se encuentra.


El otro, botín en mano, se sube en su coche, cegado de rabia, no arranca. No se lo piensa, sale corriendo, un poco más abajo, un lujoso auto, alguien se baja, abre la puerta, su suerte no puede ser mejor, saca la pistola.

El, tranquilo y seguro, alguien grita, el no piensa que es a él a quien avisan, toda su vida ha sido perfecta, no está en guardia, el otro si, y sin pensar dispara. Su corazón se parte, su dolor le oprime, no comprende, todo tan rápido, se gira, el último giro, y ve al otro, que de un manotazo lo retira, como  tantos le dieron, y él cae. En el suelo sin remedio, con una mueca de dolor en su rostro, ve como se escapa, toda su dulce vida. 


El otro contento, huye al momento, las cosas le han salido bien. Un coche potente, un botín importante, un trabajo bien hecho. Una existencia que puede cambiar y olvidar un pasado, pleno de errores, de amargas experiencias. Una triste vida, que por fin, le empieza a sonreír.



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