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Cuando la muerte habló conmigo


Tranquilo. La vida sonríe en el momento. Feliz soy,  fuerza tengo. Los días se deslizan por el manto dulce de las pasiones. Soy como el ave que vuela entre nubes, por un cielo infinito cargado de luminosidad. Placer al fluir la vida y ser parte de la composición. Melodías acunan el lado místico del alma.

En un momento dado. Sin voluntad. Sin mediar en las consecuencias. Sin saber lo consecuente. Sin saber que el destino se presenta sin más...: crudo y duro. Duro como el hielo, crudo como la carne desgarrada. Ante una situación; y nadie más que tu y yo...: solos.

Algo desaparece. Se van perdiendo las maravillas. Se desdibuja un exterior y se entra en un túnel sombrío y gris; y se ofusca la luz. Ya nada brilla, una danza macabra empieza a bailar alrededor. Una danza que se repite y repite, y que invita a la locura. La mente se diluye, los sentidos se destruyen, se va perdiendo el control...; ya nada responde a la lógica.

¿ Qué hay ahí fuera ?.  ¿ Dónde estoy ?.  ¿Quién soy yo?... Me olvido de mí, me olvido de ... De ti no, por favor, de ti no...: porque de mi volveré a acordarme, de ti no...: porque puedes ser recuerdo. Te absorbe. Te reclama para sí. Estoy a tu lado. Veo tu cuerpo y esa mueca de dolor. Ese hilo de sangre que sale por tu boca... una cara que no era tuya.  El frío atenaza tus miembros...; te llamo y no contestas...: pero ¡ por qué !...  por qué... si estás a mi lado. Quiero pensar que sigues aquí, aunque empiezo a comprender que ya no es así... y cada vez siento más la nada. El dolor es  inmenso. Destruye. Quiero estar contigo en el trance... no me dejes solo... 

Es irremediable...: yo me quedo... tú te vas. Y el dolor tiene límite, traspasado, no eres nada.
Mueres también. Una muerte diferente. Una muerte a la que la vida te la hará recordar. Una muerte  racionalizada hasta volverla a razonar... al tiempo... cuando otra mirada del adiós eterno, se fije en tus ojos. Locura que se abre al siguiente abrazo, el dado a un cadáver. A la antigua alegría. Al ser que ya no está en la carcasa, en el medio en los que tantos deseos se expresaron. La entrega donde pudimos crear tanto amor...: el seno donde creaste una nueva vida.

Te has ido a un viaje sin retorno. La soledad de tu muerte me rodea. Se instala en mi ser. Me acompaña... dice cosas: qué cosas... las más absurdas. Nadie la comprende. No sabe expresarse. Susurra por las noches... no me deja dormir. Su negro manto me posee, indefenso ante la razón. Subyuga con su yugo, por la esclavitud de su irremediable poder. Dicta y obedezco, lloro y le suplico:
¡ desaparece ! - no quiero -, me dice...: - ¿te crees el único? -, - a todos trato de la misma manera -... 

Pero por el momento no quiero ser esos todos. Y ya que usurpaste su lugar y has secado mi corazón, dejándolo solo ante un mundo....; buscaré la forma de luchar y las ganas de vivir, hasta que vuelvas a decirme algo...

Ahora vete. Déjame tranquilo. Seguro que nos volveremos a ver.


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