He de volver, me lo ha dicho, ven, y hablamos. No quiero; porque su virtud no es dialogar... él es de pocas palabras y muchos tacos, y unas manos que se le escapan... y hacen daño.
Se que no debería, pero lo haré...; y espero: sea la última.
Creen que soy buena chica. Y la gracia que me hace que se lo crean.
Cuantas tardes, sentada, con la mirada perdida, alguno, viendo mi postración...: -¿te pasa algo?-...; y mi mirada se fija en los ojos que a mí se dirigen, entre mis greñas oscuras que mis ojos protegen...: -no, ya veo que no-.
Soy así, al parecer lánguida y sumisa, envuelta en un halo de reserva, que incita al que conmigo se cruza, a pensar en desvalidos. Desvalida puede ser, desde la última vez que zanjé mi condena, castigando al que me la impuso, y quedó entre nosotros. Nadie más ha de saber, que se fue y no volvió. El cómo; es asunto mío.
Lo he probado y este no lo sabe. Se lo dije: -haz el favor de cambiar tu actitud, porque puede ser que te lleves una sorpresa-. Pero no, repitió los mismos errores. Después de un tiempo, acabó haciendo lo mismo que el otro hizo.
Ahora me pregunto, si es mi fingida sumisión o la languidez que mi parecer ofrece, lo que me condena; y acabo repitiendo la misma conducta, o un drástico resultado.
Vuelvo. Me has citado. Mas no sabes lo que mis manos son capaces de hacer. La destreza que a hurtadillas consiguieron, cuando vi que el remedio para el otro, era dejar de discutir, y que sus manos, dejaran de violentar con rudeza mi cuerpo. No sabe, que me vuelvo a encontrar con su agresivo parecer, obediente, que cree me domina y es mejor, que se lo crea.
Es inútil rehuir, se que si no lo hago, él vendrá y arreglará el asunto, a su manera. Con el otro lo mismo, -me voy y no vuelvo-, -como te vayas te mato-. Nadie quería saber nada, nadie entendía mi castigo...: exageras. Exagero, claro, en un lugar tan apartado, con gentes tan cerradas, claro que exagero. Hasta que se marchó para no volver. Ellos creyeron que así lo hizo, porque a todos decía que allí no había futuro. Yo les dije...: -se ha ido antes, luego yo iré con él-...me fui; pero no saben, que sigue allí, haciéndoles compañía...
Aquí he venido y aquí estoy. Otra vez lo mismo. No se por qué me repito, algún juego misterioso me envolverá, tampoco no es lo que me importa, lo que se, es lo que ha pasado. Allí, en cualquier bosque, una figura en un árbol, un muñeco que conseguí, no se dónde; una especie de maniquí que hizo de mi destreza, una habilidad, y de mi languidez, ágiles movimientos...: certeros.
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"Eres una inútil, no sirves para nada. Te mereces lo que te hago. Llorando no vas a conseguir nada... aún me das más pena. Me voy por no verte. Ahora vuelvo y espero, que cuando regrese, dejes de lamentarte, porque sabes lo que te espera".
"Son todas iguales, necesitan que las adiestren, y con palos, mejor".
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Solitario el bosque, que al animal estimula. Paseos diarios después de dejar en una casa, en un hogar, un alma en pena... abandonada. Fiera que se lleva dentro, sentimiento de rapiña, de pocas luces y demasiada provocación, que más de una vez, ha causado problemas. La última con un mequetrefe, que de la misma condición y por una bravuconada pendenciera, se enzarzan en una dura pelea, por defender una virilidad, la mal entendida hombría...
Furtivo entre la vegetación, me siento como una alimaña en busca de su presa. Un ruido a lo lejos. Qué curioso, que por estos contornos, que nunca nadie encuentro, hoy que estoy hecho una furia, me tenga que encontrar, con alguien.
Parece que aparca, esperaré, a ver quien es.
Una figura lánguida, sumisa, que se apea y se dirige hacia la espesura. Parece perdida... que extraño. Mi temperamento violento y con ganas de lastimar, de violentar, se hace presente y agazapado, al acecho, para sorprender mi desvalida pieza... me presto a la captura.
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Allí estoy, sentada, lánguida y sumisa. Otro que se acerca y me dice: creo que tú lo conocías... ¿a quien?... a uno de los dos que se encontraron en el bosque cosidos a navajazos...; por lo que parece, fueron allí a solucionar una pelea que habían dejado a medias y zanjaron su disputa, de la que ninguno sobrevivió...; sientate y me lo explicas, ya que lo conocía y me gustaría saber lo que dicen que pasó...
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Me hablas, dialogas, mido tus palabras... me informas...
Dicen que los encontraron con un cuchillo cada uno en sus manos; y en la reyerta sucumbieron a las graves heridas que se produjeron. La policía al conocer a los sujetos y conociendo su historial, dieron el caso por resuelto, al ser tan claro el móvil. Dos tipos camorristas que acabaron con sus disputas, y no había nada más que demostrar.
Te miro, y mi lánguida mirada que mis greñas protegen, se fija en la tuya. Quiero ver lo que en tí se esconde, por si acaso y se da el caso, no volver otra vez... si eres capaz de estar conmigo, y necesitada que estoy, de que alguien me acompañe... no seas tú, de los que se creen protegen y hacen de su protección, un castigo.
Mientras hablas, acaricio en el bolsillo...mis dos navajas, las que adiestradas en mis dóciles manos, cuando la docilidad es mal entendida, ellas, certeras, lo resuelven... descansan.
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- Toni
- Para ser feliz hay que tener paz en el corazón y tranquilo el espíritu. Esa es la meta que se podría alcanzar...







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